viernes, abril 03, 2009

El dialogo con los clásicos de Alfredo Rodríguez


Verme citado en un libro junto a Sócrates y Mutanabbi es algo inusual. Sin embargo me sorprendió gratamente. Porque se cita integro mi poema Yue Fu para el Inmortal Desterrado. El cual forma parte de mi poemario La Senda del Dragón. Libro al que tengo un cariño especial.
Todo esto podría sonar a un mero ejercicio de vanidad. Si no fuera porque el libro en mención es un buen poemario. Se titula La Vida Equivocada y el autor se llama Alfredo Rodríguez. Al cual no tengo el gusto de conocer. Alfredo ha sido Finalista del Premio Adonáis de Poesía y ha obtenido el XIII Premio de Poesía “Voces del Chamamé”. Ha publicado también los poemarios Salvar la vida con Álvarez y Regreso a Alba Longa.
La Vida Equivocada es un poemario donde noto un buen manejo del lenguaje poético. Hay imágenes logradas y un cuidado artesanal con la palabra. Se ve un poeta que conoce la tradición poética y que dialoga en sus versos con los clásicos. Creando un espacio donde armónicamente se entrelaza lo lírico y el lenguaje coloquial. La tradición y la poesía moderna.
Para muestra de lo dicho el poema La Mar Gruesa del Pasado.
Los invito a su lectura.
LA MAR GRUESA DEL PASADO
Cómo podrías vivir, hombre perdido,
febril de entusiasmo, empleando falaces excusas
cuando sólo horrible vesania conocieras a tu alrededor,
cuando atónito asistieses
a la caída del mundo
—ni los extremos del orbe ya te acogieran—,
que sintieras seguro ansias de prenderle
fuego a la vida, al zumbido absurdo que es tu vida,
sin concesión alguna a las conveniencias.
Olvida a aquellos que midieron el Tiempo
y situaron los acontecimientos; no se podía derramar
su sangre pues horrendos males ello significaba,
quizá que entonces ya vieras claro tu designio,
huella indeleble, oropeles que magnificaron su victoria.

Ya no tenemos nada, amigo, nada excepto el pasado;
no tenemos presente ni futuro, sólo la mar gruesa
del pasado, que sucumbe ante lo imprevisto.
Pero hay un momento flagrante
de Luz en la noche
que te salva, hombre perdido,
un momento en que el poema llega
hasta este hombre a quien el fiero deseo de poseerlo
le acomete; su sonido lo trae
la voz que vela su insomnio,
de aquello que fue su cuerpo la herencia,
de su alma la verdadera entraña.
Camina entonces, amigo,
sobre los pasos enterrados de la Historia,
valiente como un león en la batalla,
¿no te recibirán acaso con honores?;
aguarda con el corazón henchido y golpea
sus inmensas puertas de bronce,
como aquel viejo hombre perdido
que ya traspuso antes que tú
el umbral de su vida equivocada.