domingo, noviembre 16, 2008

Lisboa

Desde hace una semana había observado a una pequeña paloma blanca con manchas pardas construir un pequeño nido en la ventana del segundo piso de la casa. Al principio abrí la ventana de metal y vi volar rauda a la melancólica avecilla. Cuando me doy cuenta de que en el escueto espacio que dejaba la pared que sostenía la ventana, hay unas ramas en forma de círculo. Para no ahuyentar a la pequeña ave, en adelante ya no abriría la ventana del cuarto para no asustarla. En estos días grises contemplar a escondidas el cuerpo delicado de la paloma sobre esas ramas, es tener un instante de sosiego. Algo así como tener la seguridad de que hay un resquicio de pureza en este mundo. Grande fue mi sorpresa al ver hoy unos pequeños huevos destruidos y un líquido amarillo espeso sobre la ventana. Las ramas dispersas, unas pocas plumas regadas y un amanecer tan gris, como estas grandes nubes que no dejan pasar los rayos del sol en Lisboa.

3 comentarios:

Cazadora de almas dijo...

Hola!
Aqui tambien hay enorrrrmes nubes que no dejan pasar al sol, pero yo veo a traves de ellas...

Besos!

Leo Zelada Grajeda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Leo Zelada Grajeda dijo...

Me dices por Euskady?
Atravesar las formas tangibles es el poder que tiene la mirada del poeta.