miércoles, noviembre 12, 2008

El abrazo de la noche

El miércoles algo se quebró en mí y enloquecí. El dolor me hizo beber toda la noche. Me habito la oscuridad y solo me acompaño a la distancia un cuervo. La lluvia caía sobre mi abrigo y la poesía no venia como otras veces a mi auxilio. Presagie lo peor…
Acabe en un bar de Usera entre lumpenes rumanos y marroquíes que me miran no como poeta, sino como un suicida que no le tiene miedo a la muerte, por que ellos son los heraldos de la muerte.
Aquella madrugada casi inconciente empecé a oír la canción que pongo en este post. Y recordé un poema confuso, atormentado y hermético de un poeta que terminaba con un verso que decía en medio de ese caos de palabras: “Como no viene un dulce niña a abrazarme y se disuelva todo mi dolor”. Aquel poeta se vino a despedir una semana antes de morir. Me invito una copa. Hablamos poco. Nuestro silencio era un grito sordo. A los días me entere que se había quemado vivo…
Aquel miércoles escuche tu llanto y mi desamparo. Aquella noche me abrazo mi sombra y me abrazo la noche. No se como pude llegar a casa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La noche es una trampa en la que nos gusta caer, la angustia se vuelve un cristal oscuro, y el alcohol anestesia solo un poco ese dolor existencial confuso que mnos hiere Pamela

Leo Zelada Grajeda dijo...

Buena reflexión Pamela.

La Biblioteca del Manicomio dijo...

he mirado tus texto, he leído tus poesías y me gustan mucho.

Exploras la oscuridad sin temor porque te sabes bien acompañado y protegido de la poesía misma..

Saludos Insanos,

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