martes, junio 06, 2006

El Lazarillo de Tormes:Un precursor del antihèroe contemporáneo por Leo Zelada

La idea principal del presente artículo sostiene que el Lazarillo sería un héroe denominado novelesco, precursor de los personajes antihéroes que se presentan hoy en día en la novela contemporánea, debido a la complejidad del tratamiento del personaje, a su contemporaneidad, a la imperfección que trasunta su estilo realista, lo cual permitió romper la distancia épica predominante en esa época. El personaje de El Lazarillo de Tormes no es un héroe en tanto no cumple con muchas de las virtudes que debe tener un héroe épico: valor, lealtad, nobleza, etcétera. Más aun, el lazarillo es depositario de una serie de vicios y defectos, por lo que estaría más cerca de ser el personaje “villano”.


No obstante, la lectura de la historia de tan entrañable pícaro, que nos va relatando sus sinsabores y desventuras en primera persona, con esa mezcla de estoicismo cínico que actúa generalmente aguijoneado por el hambre, nos resulta hasta simpático, y produce una benevolente condescendencia que bien podía anteceder al personaje posteriormente desarrollado en la literatura universal, que es la del “antihéroe”.El Lazarillo de Tormes no toca el tema del pasado épico de la nación española, tampoco sirve de fuente de la epopeya a través de la descripción de tradiciones o leyendas nacionales. La novela no sólo está relatada en tiempo presente, sino que además trasunta con un lenguaje y estilo al más puro estilo castizo y popular una inspiración de corte realista, que la convierte en fiel reflejo de la vida humana en contraste con la idealización arcádica de la novela de caballería, lo cual se puede corroborar leyendo desde el prólogo tal intencionalidad. Al pretender crear un nuevo tipo de personaje rompe con la visión arcádica de los personajes, ya que es fiel reflejo de la época moderna y la aparición de sujetos dueños de su propio destino.


El héroe novelesco en el lazarillo o el antihéroe tiene la libertad del hombre contemporáneo. “Libre albedrío” del que goza el Lazarillo a través de sus aventuras con sus diferentes amos que lo llevan a sufrir una serie de penalidades y al término de sus días una aparente holgura. Este nuevo tipo de héroe es el personaje antihéroe actual, el cual ha de reunir en sí mismo tanto rasgos positivos como negativos, bajos como elevados, cómicos como serios. Dice el crítico ruso Mijael Bajtin: “El héroe no debe ser presentado ya formado e inmutable sino en proceso de formación de cambios, de modificación por la vida”. Desde el prólogo y el comienzo del Lazarillo, cuyo tratado primero lleva por título “Cuenta Lázaro su vida y cuyo hijo fue”, se destruye la distancia épica al describir con estoico realismo, sutil ironía y humor (otro rasgo de distancia épica) su desgracia familiar en primera persona con una verosimilitud tan cercana al testimonio reflejando breve, pero rotundamente una estampa o documento social de algunas costumbres y exclusiones sociales de los estratos más pobres de la España del siglo XVI. Lo cual antecede siglos antes la aparición de la novela realista en el siglo XIX y el realismo sucio a fines del siglo XX.


El Lazarillo es un texto narrativo, fresco, en movimiento, retrato del alma del pueblo español, la cual es a pesar de su aparente estilo festivo y cómico una crítica de su sociedad, que nos aleja definitivamente de la perfección y lejanía del mundo de la epopeya. En el Lazarillo de Tormes se despliega la visión del “pícaro”, que en el fondo es un estoico, que sabe que el mundo es malo, pero que ni prueba siquiera a modificarlo, porque teme que con el arreglo pueda resulta peor. “Más vale no menearlo” pudiera ser el mote heráldico que rige la conducta del lazarillo. Asediado por la sociedad, se torna antisocial, aunque con frecuencia se lo calle, pensando en que fuera de ella, al margen y haciendo caso omiso de ella, ha de vivir más tranquilo. Esta actitud a contrapelo puede llevar al lazarillo a la situación límite de formar su propia sociedad paralela y de inverso sentido ético y humano, ya que siente que la sociedad lo rechaza. La generación Beat (EE UU) en este sentido también retomaría estos antivalores como parte de su ideario “contracultural”.


El lazarillo está alejado del personaje arquetípico propio del héroe épico y más bien desarrolla la visión del antihéroe, que posee “el libre albedrío” de construir su destino, aun en medio de las adversidades, apelando a un sinnúmero de estrategias de sobrevivencia que se van evidenciando conforme azarosamente se van viendo las desventuras y pruebas de la vida que tiene que afrontar. La utilización de un lenguaje llano, directo, lleno de giros y modismos populares que reflejan una realidad compleja, con apremiantes contrastes sociales y con una escala de antivalores que va aprendiendo Lázaro en su azarosa vida, suponen el desarrollo y la degradación moral, lo cual no hace sino reafirmar la teoría y el rompimiento definitivo de la distancia épica con la novela, la visión arcádica y perfecta de la literatura antigua y convencional.


El Lazarillo de Tormes inicia, pues, un nuevo tipo de héroe: el antihéroe y la instauración en la novela contemporánea del universo realista más descarnado, precursor del realismo francés, el realismo sucio y la generación Beat. Para finalizar habría que decir que después de esta obra los derroteros de la literatura fueron totalmente distintos, porque según Bajtin: “La novela no se edificó ya desde el principio en la imagen alejada del pasado absoluto, sino en la zona de contemporaneidad imperfecta”.

8 comentarios:

pardero dijo...

Hola Leo, acuso recibo de haber leido este post. Hace ya muchos ayeres leí ese libro, regalo (no bien visto en un principio) de mi tía Elena. Y me gustó. Hace relativamente poco, leí dos libros que guardan cierto paralelismo con el lazarillo de tormes. El primero fue "El Lazarillo Español" de Ciro Bayo. El segundo es "La vida del buscón llamado don Pablos" ni más ni menos que de don Francisco de Quevedo. Os recomiendo ambos. El primero es realista (realista de realidad, no de realeza) y es un poco triste. El segundo es alegre adentro de la miseria. Quevedo nos prometió una segunda parte del buscón, donde el protagonista emigraría a las Indias -oséase América-, pero, no alcanzó a escribirla :(
Recibe un cordial saludo desde el infierno (Mexicali, B.C., llegándole a los 100°F y esto que es principios del verano...)

Leo Zelada Grajeda dijo...

Pardero,

Muy ilustrativo tu informaciòn de estos dos libros que mencionas que tienen paralelismo con El Lazarillo de Tormes.Este dato de Quevedo es muy interesante.

Lei tu blog y me agrado esa acritud y fuerza de tus textos.

Un abrazo desde Madrid que tambièn bordea con su intenso calor el infierno.

Jairo dijo...

Recomendaría leer el Lazarillo pensando en sus negativos fotográficos: la épica y la épica cristiana, la Biblia. Creo que se puede entender mejor la obra y la mala leche de lo que al lector sin maldad le puede parecer simpatía: ese Lázaro, en ese contexto, naciendo en medio del río, con esa genealogía tan poco limpia, su padre, padeciendo persecución por justicia, ese abrir el arca y ver la cara de Dios, los amos en un vía crucis que le lleva a la crucifixión más dolorosa de la época: la crítica de los demás, la pérdida de un honor del que presumía el último zapatero castellano viejo...
En fin. Creo que es una obra que merece más de una lectura y muchísimos pensamientos más allá de los obvios, que nunca está de más recalcarlos.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Jairo,

Interesante tu entrada desde la epica cristiana,aunque ese ingreso es aùn mas clasico que la construcciòn del personaje anti-epico que plantea Bajtin.

Saludos.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Jairo,

Interesante tu entrada desde la epica cristiana,aunque ese ingreso es aùn mas clasico que la construcciòn del personaje anti-epico que plantea Bajtin.

Saludos.

Dama Satán dijo...

dale, lo voy a releer de repente. saludos.

Dama Satán dijo...

dale de repente lo voy a releer. saludos.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Ok,asi lo esperamos su malignidad.

Saludos.